No basta condecidir abrirte.Debes hundirte los dedosen el ombligo, con las dos manosagrietarte,derramar los lagartosy los sapos
las orquídeas y los girasoles,virar al revés el laberinto.Sacudirlo.
Sin embargo, no te vacías del todo.Quizás una flema verdese esconde en tu tos.Tal vez no sabes que la tieneshasta que un nudote crece en la gargantay se convierte en rana.Te cosquillea una sonrisa secretaen el paladarlleno de orgasmos diminutos.Pero tarde o tempranose revela.La rana verde croa sin discreción.Todos miran.No basta con abrirteuna sola vez.De nuevo debes hundirte los dedosen el ombligo, con las dos manosdesgarrarte,dejar caer ratas muertas y cucarachaslluvia de primavera, mazorcas en capullo.Virar al revés el laberinto.Sacudirlo.Esta vez debes soltarlo todo.Enfrentar el rostro abierto del dragóny dejar que el terror te trague.—Te disuelves en su saliva—nadie te reconoce hecha charco—nadie te extraña—ni siquiera te recuerdany el laberintotampoco es creación tuya.Y has cruzado.Y a tu alrededor espacio.Sola. Con la nada.Nadie te va a salvar.Nadie te va a cortar la soga,a cortar las gruesas espinas que te rodean.Nadie vendrá a asaltarlos muros del castillo nia despertar con un beso tu nacimiento,a bajar por tu pelo,ni a montarteen el caballo blanco.No hay nadie quete alimente el anhelo.Acéptalo. Tendrás quehacerlo, hacerlo tú misma.Y a tu alrededor un vasto terreno.Sola. Con la noche.Tendrás que hacerte amiga de lo oscurosi quieres dormir por las noches.No basta consoltar dos, tres veces,cien. Pronto todo estedioso, insuficiente.El rostro abierto de la nocheya no te interesa.Y pronto, otra vez, regresasa tu elemento ycomo un pez al airesales al descubiertosólo entre respiros.Pero ya tienes agallascreciéndote en los senos.
Gloria Anzaldúa
(Valle del Río Grande, Texas, EE.UU, 1942-2004)